29 de abril de 2014

A los buzos los excluyen desde niños.

Imagen ajena / Procedencia: edición impresa de La Vanguardia, suplemento Culturas (2-abril-2014, pp. 20-21)
(Cortesía de Mariano Hernández de Ossorno)

27 de abril de 2014

Un hito nos recuerda que siempre fuimos nómadas.










EL FRUTO DEL AZAR
José Carlos Rosales
[Granada Hoy (Granada, 6 de febrero de2011)]


   Las ciudades son un cruce de caminos, un puñado de chozas junto a la desembocadura de un arroyo, cobertizos amontonados para protegernos del frío en la colina más fértil de una vieja montaña. Las ciudades sólo son el fruto de una casualidad, el azar de que una caravana se detuviera un día a la vera de un pozo y decidiera quedarse allí un mes, cuatro lunas, un año. Luego vienen los arqueólogos con sus largas excavaciones y buscan inscripciones o pórticos, murallas o palacios. Pero ningún historiador o paleógrafo podrá saber nunca por qué las ciudades se situaron aquí o allá, un poco más abajo, más lejos o más cerca. Sólo sabemos que las ciudades son un cruce de caminos, el lugar donde algunos se detuvieron a descansar un rato y se quedaron para siempre junto al agua, bajo la sombra de un roble poderoso: esperaban a alguien, estaban cansados, sólo querían mirar la gente que pasaba, la poca gente que pasaba hace miles de años.
      Las carreteras y cañadas atravesaban las ciudades y nadie hubiera osado, hasta hace un par de siglos, sugerir que las calzadas o caminos debían rodear los núcleos urbanos. Qué tontería. Las circunvalaciones eran un sueño de la razón, una quimera absurda, la boba extravagancia de algún iluminado. Las carreteras eran una puerta al progreso y ninguna municipalía hubiera prescindido de ellas. Ahora no es así y los Ayuntamientos que se precien quieren una circunvalación, o dos, o tres: las ciudades (para bien o para mal) han dejado de ser un cruce de caminos.
     Pero no es fácil dejar de ser lo que siempre se ha sido y, si andamos con precaución, es fácil encontrar testimonios residuales de lo que siempre fueron las ciudades. Junto al llamado puente romano del Genil, antes de cruzarlo en dirección al paseo de los Basilios, hay a la izquierda un pequeño monolito de piedra, un mojón de carretera cuidadosamente pintado de blanco y rojo, donde puede leerse (en letras blancas) N-323, sobre la cifra en negro de 433. Es decir, kilómetro 433 de la Nacional 323, la carretera que unía Bailén con Motril, una de esas carreteras que atravesaba Granada hace decenas de años. Supongo que ese hito kilométrico, cuidadosamente mantenido sin alharacas ni rivalidades, es una valiosa pieza de museo conservada milagrosamente en plena calle, sin que nadie (hasta ahora) haya discutido su identidad, su presupuesto anual, sus órganos de dirección, su ubicación o los criterios que han de regir su cuidado y mantenimiento. Qué estupendo sería que el patrimonio arqueológico de Granada llevara una vida tan sosegada y provechosa como la que lleva ese hito kilométrico del puente del Genil, ese hito que nos recuerda lo que somos, un cruce de caminos, el fruto del azar.


[Imagen: José Carlos Rosales]

22 de abril de 2014

El faro era un buzo.

                                                                                                   
Escultura (y bocetos) del artista ruso Leonid Tishkov (Bahía de Balaklava, en la península de Crimea)
[Procedencia de las imágenes: Galería Krokin de Moscú]


9 de abril de 2014

Ofende cada día la conciencia de la sociedad civil.

LA ESTATUA FASCISTA
José Carlos Rosales

          En una de las salas del Museo Städel de Fráncfort, en Alemania, hay un busto del general Francisco Franco. Su rostro hierático reposa sin demasiadas estridencias sobre un pedestal donde, entre otros datos históricos, aparece descrito (lógicamente) como un “dictador fascista”. Los visitantes suelen pasar de largo sin reparar en la presencia de ese personaje tan siniestro; algunos se detienen sorprendidos al tropezarse con la efigie del general Franco; y otros se quejan o protestan ante la dirección del museo por la inclusión de esta escultura de bronce en su exposición permanente. Lo contaba el pasado domingo, en el las páginas del diario El País, Juan Gómez, su corresponsal en Alemania.
         El Museo Städel de Fráncfort es una de las instituciones museísticas más antiguas y significativas de Alemania y una de las más importantes del mundo. En sus innumerables salas se alberga y difunde la historia del mejor arte europeo, desde el siglo XIV hasta la actualidad, prestándosele una especial atención al arte contemporáneo, sobre todo a partir de 1945. El busto de Franco fue obra del escultor alemán Georg Kolbe (1877-1947), un artista que había participado en el pabellón de Alemania de la Exposición Internacional de Barcelona de 1929 y que viajó a España en 1938 para esculpir un busto de Franco, escultura de la que se hicieron 24 copias, una de ellas para Hitler. Otra sería la que se expone en el Museo Städel de Fráncfort. Y mientras allí, en Alemania, se discute qué hacer con el arte nazi o fascista, qué lugar ha de ocupar en los museos o qué información ha de ofrecerse a los visitantes, en Granada el gobierno municipal se resiste de todas las maneras posibles a retirar de la plaza de Bibataubín una escultura que enaltece el fascismo: cinco brazos hercúleos saludan brazo en alto mientras un águila imperial los sobrevuela con sueños de grandeza racial y altanería despótica. Así son las cosas: en Alemania el arte fascista está en los museos y en Granada está en la calle; en Alemania se debate cómo enfrentarse museísticamente a la cultura nazi y en Granada el gobierno municipal no entiende que mantener en la calle “una estatua […] glorificando un saludo bajo el cual fueron asesinadas millones de personas en Europa, ofende cada día la conciencia de la sociedad civil” (“Un árbol en lugar de una estatua”, col. Romper el Cerco, Granada, 2009). [Más información]


[Con textos y poemas, entre otros, de Juan Carlos Abril, Javier Benítez, Marga Blanco, Javier Bozalongo,
Nieves Chillón, Trini Gan, Luis García Montero, Juan Andrés García Román, Rogelio López Cuenca,
Mariano Maresca, Erika Martinez,Ángeles Mora, Gracia Morales, Justo Navarro, Andrés Neuman,
Rosendo Palma (Rafael Espejo), Andrea Perciaccante, Milena Rodriguez, Daniel Rodríguez Moya,
José Carlos Rosales, Alfonso Salazar, Álvaro Salvador y Fernando Valverde.]


7 de abril de 2014

Algún día los autos estarán vacíos y quietos en los pasos de cebra.


"En continuidad con el paso de cebra, un automóvil ha sido dividido en dos y pintado a rayas negras y blancas. De esta forma se convierte en su opuesto: una zona peatonal." (Julia Ramírez Blanco, Utopías artísticas de revuelta, Madrid, 2014, pág. 64). Imagen de Maureen Measure (ver más).
[Esta entrada es una cortesía de mi amigo Mariano H. de Ossorno]

2 de abril de 2014

Firmas invitadas: Mariano Hernández de Ossorno

La transformación
Mariano Hernández de Ossorno

      Supongo que si Gregorio Samsa hubiese sospechado algo, esa noche no se habría acostado ni se habría quedado dormido. Aunque, pensándolo bien, ya no distingo si habría sido peor. Ver cómo te vas convirtiendo en un repugnante insecto debe causar más dolor que [...].

         [Desfavorable-Madrid-Poema, 22 de marzo de 2014 / Leer más]