30 de abril de 2015

A los que bucean en la tierra los llaman espeleólogos o mineros.

                                                                                                                                                                                      



 Imágenes ajenas (Procedencia: Colección personal y Archivo Histórico Minero)



25 de abril de 2015

16 de abril de 2015

Firmas invitadas: Pablo Neruda


ODA AL BUZO
Pablo Neruda
  
Salió el hombre de goma 
de los mares.
Sentado
parecía
rey                                                                                                   
redondo                                                                                              
del agua,
pulpo
secreto
y gordo,
talle
tronchado
de invisible alga.

Del oceánico bote
bajaron
pescadores
harapientos,
morados
por la noche
en el océano,
bajaron
levantando
largos peces fosfóricos
como
fuego voltaico,
los erizos cayendo
amontonaron
sobre las arenas
el rencor quebradizo
de sus púas.

El hombre
submarino
sacó sus grandes piernas,
torpemente
tambaleó entre intestinos
horribles de pescado.
Las gaviotas cortaban
el aire libre con
sus veloces tijeras,
y el buzo
como un ebrio
caminaba
en la playa,
torpe
y hosco,
enfundado
no sólo
en su vestido de cetáceo,
sino aún
medio mar
y medio tierra,
sin saber cómo
dirigir los inmensos
pies de goma.

Allí estaba naciendo.
Se desprendió
del mar
como del útero,
inocente,
y era sombrío, débil
y salvaje,
como
un
recién
nacido.
Cada vez
le tocaba
nacer
para las aguas
o la arena.
Cada día
bajando
de la proa
a las crueles
corrientes,
al frío
del Pacífico
chileno,
el buzo
tenía
que nacer,
hacerse
monstruo,
sombra,
avanzar
con cautela,
aprender
a moverse
con lentitud
de luna
submarina,
tener
apenas
pensamientos
de agua,
recoger
los hostiles
frutos, estalactitas
o tesoros
de la profunda soledad
de aquellos
mojados
cementerios,
como si recogiera
coliflores,
y cuando como un globo
de aire negro
subía
hacia
la luz, hacia
su Mercedes,
su Clara, su Rosaura,
era difícil
andar,
pensar, comer
de nuevo.
Todo
era comienzo
para
aquel hombre tan grande
todavía inconcluso,
tambaleante
entre la oscuridad
de dos abismos.

Como todas las cosas
que aprendí
en mi existencia,
viéndolas, conociendo,
aprendí que ser buzo
es un oficio
difícil? No!
Infinito.

[Pablo Neruda, Tercer libro de las odas (1957)]


Imagen ajena (Ver procedencia)